"Aura Incómoda"


“Aura Incómoda”,
Fundación Fortabat, Buenos Aires, Argentina. Abril 2023
Curaduría y Texto: Leandro Martínez Depietri


Versión abreviada para sala

Bien podríamos decir que el título es un pleonasmo, que toda aura es incómoda por definición. La carga sensual de los objetos –su poder de atracción– es motivo habitual de ansiedad y conflicto. En la historia de la cristianización forzada en América, los conquistadores destruyeron templos, esculturas, códices y otros símbolos de la espiritualidad indígena mientras que las primeras crónicas dan cuenta de cómo las naciones originarias resistieron también este proceso descargando furia contra los ídolos de la cristiandad. Con el auge de la Revolución Industrial y el desarrollo capitalista, este halo de sacralidad pasa a investir a la mercancía. El arte se define entonces por oposición al carácter fetichista de la mercancía y las tradiciones de vanguardia se embarcan en una lucha por romper su hechizo mediante representaciones de lo abyecto, el uso de materiales de descarte, las inmersiones en el inconsciente, el abandono del virtuosismo técnico, la desmaterialización, etc.
Marcolina lleva estas tensiones al espacio expositivo sin necesidad de distanciamiento irónico. Trabaja dentro de la tradición del post-minimalismo luego de la apropiación de este lenguaje por la estética corporativa. Realiza objetos escultóricos de una belleza incómoda dentro del sistema contemporáneo del arte. Fija su mirada en el universo marginal del diseño industrial: estructuras tubulares, un clip, el conducto del aire acondicionado, el tender para colgar la ropa. En vez de operar sobre estos objetos mediante una desfuncionalización que los desnude en su precariedad, ella apunta a potenciar la belleza de sus formas liberadas del mandato de eficiencia y practicalidad. Nos enfrentamos entonces a la fuerza erótica y dinámica de estos objetos pretendidamente inertes. Adoptan formas de lo animal (humano y no-humano) y se explayan por el espacio expositivo, incorporando referencias sútiles al mundo de lo orgánico que aparecen mediante el humor o el absurdo habilitando un juego de identificación con su sensualidad metálica.

Las tensiones entre arte, diseño y mercancía no son el único campo de conflicto en el que Marcolina se adentra. Su trabajo resalta también la compleja relación que existe entre escultura y fotografía. Desde la masificación de esta tecnología visual, la escultura ha circulado intensamente a través de este medio gracias a su reproducibilidad técnica, portabilidad y ligereza. Desde principios del S XX, escultores modernos y contemporáneos han entendido a la fotografía como una práctica integral dentro de su producción estética y han desarrollado esta técnica dominando su lenguaje de luces y sombras. Estas imágenes se producían habitualmente con fines promocionales, para enviarlas a concursos y bienales, curadores y directores de museos, revistas y publicaciones varias.
Este desarrollo de la fotografía por parte de los escultores fue entendido por la crítica y por la historia del arte como una práctica menor, de valor documental, y se mantuvo en consecuencia ausente de los espacios expositivos hasta hace pocos años. En la era de las redes sociales y de la visita a exposiciones mediante tours virtuales y el paso rápido de imágenes en el teléfono, Marcolina decide hacer una campaña publicitaria para su producción escultórica y exhibir ambas a la par. Nos devuelve una muestra inmersa en el teatro de espejos distorsionados que rodea a todas las prácticas artísticas de la era digital. Habitamos en el espacio expositivo la brecha entre los originales escultóricos y su proliferación fotográfica. De la monocromía y austeridad formal de las esculturas saltamos a un mundo de juegos de color, luces y sombras multiplicadas. Se hace evidente el poder de la copia sobre el original y nuestro lugar cómplice y cautivo en esta economía del deseo.